La violencia entre pares es un fenómeno común entre los niños en edad escolar en todo el mundo, independientemente del país y la cultura. Puede tomar varias formas, como el acoso escolar, el chantaje o la agresión. La comunicación a través de tecnologías de internet también ha llevado a la aparición del ciberacoso y otras formas de violencia entre pares en el mundo virtual, especialmente desde el comienzo de la pandemia de COVID-19.

Definición y escala del fenómeno
La violencia entre pares son acciones intencionales y repetitivas llevadas a cabo por uno o un grupo de pares contra otra persona, con el objetivo de causar daño físico, psicológico o emocional. Es un fenómeno jerárquico en el que los agresores utilizan su ventaja. Puede ocurrir tanto dentro como fuera de la escuela, y su ocurrencia está condicionada por las características individuales de las víctimas y los perpetradores, el entorno familiar y el clima escolar.
Las estadísticas sobre la violencia entre pares son incompletas, especialmente en el contexto de eventos fuera de la escuela. El informe de la Fundación para el Empoderamiento de los Niños indicó que los datos policiales se centran en los delitos cometidos en instituciones educativas, donde en 2021 los más frecuentemente registrados fueron:
- robo de la propiedad ajena (664 casos),
- allanamiento de morada (275),
- lesiones corporales (260).
Un diagnóstico a nivel nacional realizado por FDDS indica que más de la mitad (57%) de los niños y adolescentes de entre 11 y 17 años han experimentado violencia entre pares en sus vidas, y el 36% en el año anterior al estudio. La forma más común fue la violencia física (el 42% de los encuestados la experimentó en algún momento, el 23% en el último año), seguida de la violencia psicológica, el asalto grupal, el acoso escolar y la violencia en el noviazgo.

Este problema afecta más a menudo a los niños de familias de bajo nivel socioeconómico, personas de diferentes orígenes étnicos, niños con discapacidades, aquellos que difieren en apariencia física, orientación sexual o identidad de género. La escuela, su política de seguridad y las acciones preventivas desempeñan un papel importante en contrarrestar la violencia entre pares.
Señales en niños
Los niños que experimentan violencia entre pares pueden exhibir los siguientes cambios:
- volverse más retraído, triste, solitario, estresado, tenso, lloroso;
- puede quejarse de dolores de estómago o de cabeza, perder confianza y evitar hablar sobre la escuela;
- a menudo se quejan de sentirse mal por la mañana debido al estrés;
- sentirse ansioso por ir a la escuela, a menudo dicen: «No me gusta la escuela», «Odio mi clase»; comenzar a faltar a clases y tener dificultades para aprender;
- llegar a casa con ropa o libros dañados; pueden tener moretones y rasguños que no pueden explicar;
- llegar a casa con hambre porque les roban la comida o el dinero de bolsillo o los empujan fuera de las filas;
- pedir dinero extra o tomarlo sin el conocimiento de los padres para pagar a los agresores;
- tener problemas para dormir.
Si notas que el comportamiento de un niño comienza a cambiar y hay señales preocupantes que indican que puede estar experimentando violencia entre pares, es importante no minimizar el problema. Evita dar consejos como «tienes que ser fuerte» o «devuélvele el golpe la próxima vez», ya que pueden profundizar la sensación de impotencia del niño. Los niños que experimentan violencia a menudo temen hablar sobre sus problemas, temiendo no solo las reacciones de sus padres, sino también el empeoramiento de la situación. En esos momentos, es crucial actuar con empatía y planificar cuidadosamente el apoyo. Se debe recordar que usar la violencia contra los agresores o sus padres no es una solución; el enfoque más efectivo será el diálogo y un enfoque constructivo.
¿Qué pueden hacer los padres?
Para ayudar al niño, los padres deben tomar acciones adicionales, y estas son:
- documentar todos los incidentes reportados por el niño,
- reunirse con el maestro, presentar la situación y preguntar sobre las acciones planificadas,
- monitorear regularmente los acuerdos con el maestro y la escuela para verificar si se están tomando medidas efectivas,
- en caso de falta de acciones efectivas por parte de la escuela – hablar con el director,
- si el problema no se resuelve, reportar el asunto a las instituciones apropiadas como: Policía, Defensor del Menor o Tribunal de Familia,
- proporcionar apoyo psicológico al niño,
- cooperar con los padres de otros niños afectados y, si es posible, con los padres de los agresores.
Si su hijo ha experimentado violencia entre pares y está buscando apoyo, consulte nuestro mapa de ayuda.
Cómo apoyar a un niño para lidiar con un acosador?
Todo niño merece sentirse seguro y apoyado, especialmente durante momentos difíciles como experimentar violencia entre compañeros. Es importante que los padres actúen de manera consciente y consistente, trabajando con los maestros y la escuela para ayudar al niño a recuperar un sentido de seguridad. Uno de los elementos clave es asegurarse de que no se culpe al niño por lo sucedido. Deben saber que tienen todo el derecho de buscar ayuda.
Un paso importante es apoyar al niño en la construcción de la autoconfianza: practicar la postura corporal, el contacto visual y una forma segura de moverse puede ayudarlo a sentirse más fuerte en situaciones difíciles. También pueden desarrollar conjuntamente una forma de responder a las burlas, lo que aumentará la disposición del niño para afrontar momentos estresantes. Vale la pena enseñarles a evitar lugares donde ocurre la violencia y alentarlos a pasar tiempo con un grupo de compañeros, lo que puede reducir el riesgo de exposición a la agresión.
Es igualmente importante desarrollar las habilidades sociales de un niño. Animarlos a formar relaciones con sus compañeros y participar en actividades extracurriculares puede mejorar su autoestima y permitirles construir vínculos saludables. Fortalecer el valor propio de un niño también implica reconocer incluso los éxitos más pequeños, lo que les da una sensación de ser apreciados. También es crucial enseñar al niño a hablar valientemente con los adultos sobre sus problemas; no se trata de delatar, sino de defender sus derechos y buscar apoyo.
